El velado plan de la Profesa

Matías Monteagudo, junto con otros acaudalados, los clérigos y los francmasones que se reunían en la Profesa, fraguaron el plan maestro que les permitiría continuar con el control económico y político de la colonia. Después de encontrar al líder militar que necesitaban para ejecutar el plan, Agustín de Iturbide, se dieron a la tarea de ir poniendo las piezas del rompecabezas en su lugar.

Sin razón válida aparente, José Gabriel Armijo, comandante del Ejército del Sur pide reiteradamente su renuncia, hasta que el virrey Apodaca se la concede.

Sin lógica alguna, ya que Iturbide tenía casi cuatro años de no estar en activo en el servicio, es nombrado Comandante General del Sur, en noviembre de 1820.

Apodaca le asigna, además de los regimientos sureños, el Regimiento de Celaya y el Cuerpo de Caballería de la Frontera –ambas corporaciones habían estado al mando de Iturbide.

Al partir al sur, unos "comerciantes anónimos" le encomiendan $700,000.00 a Iturbide para su "resguardo".

Iturbide se instaló en Teloloapan por estar situada estratégicamente en el territorio que Guerrero y Asencio ocupaban. A los pocos días se presenta el regimiento de Celaya al mando de Francisco Quintanilla. Después de una opulenta cena que les ofrece a todos los oficiales del regimiento, Iturbide se entrevista en privado con Quintanilla a quien, por ser de sus confianzas y porque necesitaba aliados, revela el plan que le confirieron los de la Profesa. Quintanilla no creía lo que estaba escuchando, ¿Independizar a la colonia? Él sabía de primera mano la oposición que Iturbide siempre había tenido a esa idea. Él había sido testigo ocular de la saña con que Iturbide castigaba a todo insurgente que caía en sus manos.

Al darse cuenta Iturbide que las palabras no serían suficientes para convencer a su subordinado de que el plan era real, abrió una gaveta y extrajo de ella unos documentos. Puso en las manos de Quintanilla el plan que ya traía redactado y que posteriormente se conocería como Plan de Iguala, así como unas cartas firmadas por los personajes más ricos e influyentes de México. Esto fue prueba suficiente para convencer al oficial, e inmediatamente se puso a las órdenes de su comandante.

El 28 de diciembre de 1820, Pedro Asencio atacó a una división que resguardaba un envío que iba rumbo a Tlatlaya. El comandante de ese regimiento era Francisco Quintanilla. El Ejército Real logró salvar la carga pero perdió en el fragor de la batalla muchos hombres. El 2 de enero de 1821, Vicente Gurrero atacó al puerto de Acapulco, obteniendo una sonada victoria.

Conforme al plan que Iturbide llevaba trazado, envió una misiva al caudillo del sur el 10 de enero del mencionado año. La carta la trascribe, aunque no en su totalidad, en su libro COMPENDIO DE HISTORIA DE MEXICO DESDE LOS TIEMPOS PRIMITIVOS HASTA LA MUERTE DE DON AGUSTIN DE ITUBIDE Mariano Galván Ribera. He aquí la mencionada comunicación:

Las noticias que ya tenía del carácter y las intenciones de Ud., y que me ha confirmado D. Juan Davis Bradburn, y últimamente el teniente coronel Francisco Antonio Berdejo, me estimulan a tomar la pluma a favor de Ud. y del bien de la patria. Sin andar con preámbulos que no son del caso, hablaré con la franqueza que es inseparable de mi carácter ingenuo. Soy interesado como el que más en el bien de esta Nueva-España, país que como Ud. sabe he nacido, y debo procurar por todos medios su felicidad. Ud. está en el caso de contribuir a ella en un modo muy particular, y es cesando la hostilidades, y sujetándose con las tropas de su cargo a las ordenes del gobierno en el concepto de que yo dejaré a Ud. el mando de su fuerza, y aún le proporcionaré a Ud. algunos auxilios para la subsistencia de ella. Esta medida es en consideración ha que habiendo ya marchado nuestros representantes al congreso de la península, poseídos de las ideas más grandes de patriotismo y de libertad, manifestarán con energía toco cuanto nos es conveniente, entre otras cosas, el que todos los hijos del país sin distinción alguna, entren en el goce de ciudadanos, y tal vez que venga a México, ya que no puede ser nuestro soberano D. Fernando VII, su augusto hermano D. Carlos o D. francisco de Paula; pero cuando esto no sea, persuádase Ud. que nada omitirán de cuanto sea conducente a la más completa felicidad de nuestra patria. Más si contra lo que es de esperarse no se nos hiciese justicia, yo seré el primero de combatir con mi espada, con mi fortuna y con cuanto pueda, a defender nuestros derechos; y le juro a Ud. y a la faz de todo el mundo, bajo la palabra de honor en la que puede Ud. fiar, porque nunca la he quebrantado, ni la quebrantaré jamás…

Como lo mencioné antes, la carta no está completa pero parece que en ella lo amenaza con exterminarlo si no accede al pacto, porque Guerrero le contesta de la siguiente manera, según transcripción del autor arriba citado:

Soy de sentir, que lo expuesto es bastante para que Ud. conozca mi resolución, y la justicia en que me fundo, sin necesidad de manda sujeto, o discutir sobre propuestas ningunas, porque nuestra única divisa es: libertad, independencia o muerte. Si este sistema fuese aceptado por Ud., confirmaremos nuestras relaciones; me explayaré algo más, combinaremos planes; y protegeré de cuantos modos sea posible sus empresas; pero si no se separa de la Constitución de España, no volveré a recibir contestación suya, ni verá más letra mía. Le anticipo esta noticia para que no insista, ni me note después de impolítico, porque ni me ha de convencer nunca a que abrace el partido del rey, sea el que fuere, ni me amedrentan los millares de soldados con quienes estoy acostumbrado a batirme. Obre Ud. como le parezca, que la suerte decidirá, y me será más glorioso morir en la campaña, que rendir la cerviz al tirano. He satisfecho al contenido de la carta de Ud., porque así lo exige mi crianza, y le repito que todo lo que no sea concerniente a la total independencia, lo demás lo disputaremos en el campo de batalla…

Estas comunicaciones llegaron a buen término el 10 de febrero de 1821, con el famoso Abrazo de Acatempan, entre Guerrero e Iturbide.


Comentario al velado plan de la Profesa

A diferencia del plan de la conjura de Querétaro, por medio del cual Miguel Hidalgo, Allende, Aldama y demás inconformes pretendían echar del gobierno y del territorio a los peninsulares, y así lo expresaban abiertamente con su grito, "¡Muera el mal gobierno!", o con el de José María Morelos, quien explícitamente manifestó su intención de independizar a la América Mexicana de su Metrópoli española en Chilpancingo, con sus Sentimientos de la Nación; el plan de los acaudalados y del alto clero de la Profesa era velado. A todos engañaron: al pueblo, a las autoridades virreinales, al ejército y a los insurgentes, encabezados por Vicente Guerrero. Al pueblo le dijeron que iban a restaurar el orden religioso que en España se había perdido; al virrey le dijeron que iban a instalar a Fernando VII o a unos de sus hermanos en el trono de México; al ejército le dijeron que estaban cumpliendo las ordenes del monarca español; y a los insurgentes les dijeron que iban a emancipar al país de todo lazo con la Metrópoli.

Los acaudalados y el alto clero urdieron el plan, más nunca aceptaron su autoría. Querían seguir siendo el poder detrás del trono, y es que, desde tiempos inmemoriales, a los grandes potentados nunca les ha interesado ser ellos los que encabecen el poder político; perfectamente saben ellos que los políticos no son nada sin el capital que aquellos poseen, y estos últimos harán cualquier cosa con tal de congraciarse con los primeros para acceder a las migajas pecuniarias que a la postre reciben. Iturbide no fue la excepción. Hasta el día de su muerte, él sostuvo que el Plan de Iguala fue de su autoría. Que fue él solo quien maquinó el plan para apoderarse del poder al convertirse en el primer emperador de México, mas eso es irrisorio. Iturbide no formaba parte de las reuniones en la Profesa.

Recordemos que el virrey Calleja destituyó a Iturbide de su cargo de comandante de la región del Bajío en 1816. Desde que fue llamado a México, a responder por las múltiples quejas que los habitantes de ese territorio presentaron ante las autoridades virreinales, por los grandes abusos que el despótico coronel cometía, no sólo contra los insurgentes, sino también contra los civiles de la región, Iturbide no ostentaba ningún cargo militar, ni estaba en servicio activo. Vivía en una hacienda en México. Si Apodaca no hubiera recibido "recomendación" alguna, nunca hubiera pensado en Iturbide para remplazar a Armijo en la comandancia del sur.

Sospechosa resulta también la repentina dimisión del propio Armijo a la jefatura del citado ejército. No renunció el comandante de San Luis o el de Michoacán, ni siquiera el de Veracruz o el de Guadalajara, curiosamente se hizo a un lado el jefe encargado de reprimir a Vicente Guerrero en el sur. Ninguna de las comandancias anteriormente mencionadas era útil a los conspiradores de la Profesa. Ellos contaban con la adhesión de Guerrero a su plan y lo necesitaban para legitimar la usurpación. Sabían de la inferioridad numérica y la precaria situación en que se encontraba –con menos de 2,000 hombres y no muchos suministros. Estaban seguros de que Guerrero aceptaría compartir "la gloria" de independizar la nación, por eso fue que convencieron a Armijo a renunciar. Necesitaban esa comandancia para ejecutar su plan.

En cuanto al requerimiento de tropas, Iturbide solicitó el Regimiento de Celaya y el Cuerpo de Caballería de la Frontera porque el plan requería de soldados fieles que respaldaran la traición. Ambos cuerpos habían estado bajo el mando de Iturbide y sabía que le iban a ser leales.

Al partir Iturbide a cumplir su misión, anónimos comerciantes le encargan $700,000.00 para que los resguarde hasta Acapulco para ser embarcados con rumbo a Manila. Este dinero no era para ser enviado. Era para financiar el plan. El propio Iturbide le dijo a Apodaca cuando le solicitó más dinero que lo quería para comprar voluntades. Todos sabían que el destino de Iturbide no era Acapulco, sino Teloloapan. Disfrazaron el patrocinio con un envío de dinero para no levantar sospechas, mas está muy claro que la suma mencionada era para los gastos operativos del plan.