Introducción

"¿Por qué, si México y los Estados Unidos de América obtuvieron su independencia casi en la misma época, México no se desarrolló de la misma manera?" Preguntó una americana a un mexicano formado en una fila para obtener información del Servicio de Inmigración y Naturalización, en Phoenix, Arizona. "No sé", contestó el ciudadano mexicano, "tal vez sea debido a la corrupción."

Esa breve conversación que sin querer escuché, instigó mi curiosidad por encontrar la verdadera razón por la cual nuestra patria, México, quedó al margen del mundo desarrollado y se conformó con ser "El Hermano Mayor de Latinoamérica". Trajo a mi memoria, también, un comentario que un ciudadano belga, de quién sólo recuerdo su nombre de pila, Benoit, me hizo en uno de tantos encuentros sociales que sostuvimos en el estado de Luisiana, Estados Unidos, hace casi dos décadas. "Hace 20 años," me dijo él en ese entonces, "en Europa pensábamos que para este tiempo (1987), México sería una potencia mundial, rivalizando con los Estados Unidos. ¿Y qué pasó?" Mi respuesta no fue nada coherente.

Explicaré al lector ahora el enfoque que seguí para encontrar la respuesta a la punzante pregunta, que no por ser casual deja de ser importante. Decidí que el mejor método para encontrar esa evasiva contestación era hacer una comparación, tanto de la conquista como de las guerras de independencia de ambos países. Analizando los modos de producción de las naciones colonizadoras, los colonizadores, los motivos para buscar la independencia, los personajes centrales y las decisiones tomadas después del conflicto.